domingo, 19 de febrero de 2012

El porqué


En general las personas  somos muy selectivas a la hora de elegir que personas queremos que formen parte de nuestra vida y cuáles no, por ello nos convertimos a nosotros mismos en unos previsores del futuro, imaginando, describiendo, averiguando y convenciéndonos de forma divina y como si todo lo supiéramos de que esa persona a la que estamos juzgando es como nosotros creemos, y el error es que la mayoría de veces, nos equivocamos, y de forma exagerada, por ello las apariencias engañan. 
Las apariencias son lo primero que percibimos de una persona, ya que nuestros ojos van antes que cualquier otro sentido de nuestro cuerpo, si pudiéramos percibir la personalidad de la gente o sus energías seriamos auténticos y revolucionarios brujos del siglo XXI, eso sería genial o quizás un desastre, ya que no existiría esa magia de conocer a las personas, lo sabríamos todo sobre ellas, pero por suerte esto no es así, lo malo es que lo hacemos así. 
Una de las cosas por las que primero encasillamos a una persona es por su aspecto, su forma de vestir, intuyendo su nivel socioeconómico a partir de ello, también por su complexión, es decir, por su cuerpo (gordo/a, delgado/a o fuerte) y primordialmente por su belleza que la solemos asociar al conjunto de todas estas características físicas residiendo la más importante en el rostro, pero también podemos guiarnos por pensar cosas de las personas si nos han hablado de ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario